Ampliamente aplicada por su relativamente bajo costo, el procedimiento consiste en generar una barrera física entre los contaminantes y el entorno por medio de una matriz sólida inerte que se obtiene por diversos agentes solidificantes.

La inertización puede hacerse con equipos móviles con disposición in situ; con enterramiento a cierta profundidad de la superficie o en una planta de tratamiento fija con posterior disposición como relleno sanitario.

Una de sus ventajas es que se pueden tratar grandes volúmenes de residuos rápidamente, a bajo costo y con alto grado de efectividad.

Si bien esta técnica es utilizada para residuos inorgánicos, también resulta apta para tratar residuos orgánicos derivados de la industria petrolera.

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